viernes, 20 de enero de 2012

SEGUIDORES DE CRISTO

Queremos ser imitadores de Cristo?. Veamos entonces lo que El mismo nos enseña a través de su palabra:

Mateo 6:1-15
Dar
»Cuando ustedes hagan una buena acción, no lo anuncien por todos lados; de lo contrario, Dios su Padre no les dará ningún premio.

»Si alguno de ustedes ayuda a los pobres, no se ponga a publicarlo en las sinagogas ni en los lugares por donde pasa la gente; eso lo hacen los hipócritas, que quieren que la gente los alabe. Les aseguro que ese es el único premio que ustedes recibirán.

»Cuando alguno de ustedes ayude a los pobres, no se lo cuente a nadie.
Así esa ayuda se mantendrá en secreto, y Dios el Padre, que conoce ese secreto, les dará a ustedes su premio.

Jesús enseña a orar
»Cuando ustedes oren, no hagan como los hipócritas. A ellos les encanta que la gente los vea orar. Por eso oran de pie en las sinagogas y en los lugares por donde pasa mucha gente. Pueden estar seguros de que no tendrán otra recompensa.

»Cuando alguno de ustedes ore, hágalo a solas. Vaya a su cuarto, cierre la puerta y hable allí en secreto con Dios, su Padre, pues él da lo que se le pide en secreto.

»Cuando ustedes oren, no usen muchas palabras, como hacen los que no conocen verdaderamente a Dios. Ellos creen que, porque hablan mucho, Dios les va a hacer más caso.
No los imiten, porque Dios, nuestro Padre, sabe lo que ustedes necesitan, aun antes de que se lo pidan.

»Ustedes deben orar así:
“Padre nuestro
que estás en el cielo:
Que todos reconozcan
que tú eres el verdadero Dios.

Ven y sé nuestro único rey.
Que todos los que viven
en la tierra te obedezcan,
como te obedecen
los que están en el cielo.

Danos la comida que necesitamos hoy.

Perdona el mal que hacemos,
así como nosotros perdonamos
a los que nos hacen mal.

Y cuando vengan las pruebas,
no permitas que ellas nos aparten de ti,
y líbranos del poder del diablo.”

»Si ustedes perdonan a otros el mal que les han hecho, Dios, su Padre que está en el cielo, los perdonará a ustedes.
Pero si ustedes no perdonan a los demás, tampoco su Padre los perdonará a ustedes.

lunes, 14 de noviembre de 2011

DIOS NOS CUIDA

Dios cuida de los suyos

Dios mío, ¡yo estoy muy orgulloso de ti!
¡Todo el tiempo te bendeciré! ¡Mis labios siempre te alabarán!

Ustedes, los humildes, ¡oigan esto y alégrense conmigo!

¡Únanse a mí, y juntos alabemos la grandeza de Dios!

Le pedí a Dios que me ayudara, y su respuesta fue positiva: ¡me libró del miedo que tenía!
Los que a él acuden se llenan de alegría y jamás pasan vergüenzas.
Yo, que nada valgo, llamé a Dios, y él me oyó,
y me salvó de todas mis angustias.

Dios envía a su ángel para que salve del peligro
a todos los que lo honran.

Dios bendice a los que en él confían. Ustedes, pueblo de Dios,
vengan y prueben su bondad; verán que a quienes lo adoran nunca les falta nada.
Los ricos pasarán hambre, pero a los que confían en Dios nunca les faltará nada bueno.

Vengan conmigo, queridos niños; ¡préstenme atención!
Voy a enseñarles a honrar a Dios.
Si quieren gozar de la vida y vivir una vida feliz,
dejen de hablar mal de otros y de andar diciendo mentiras; aléjense del mal y hagan lo bueno,
y procuren vivir siempre en paz.

Dios siempre cuida a los suyos y escucha sus oraciones, pero a los que hacen lo malo les vuelve la espalda y borra de este mundo su recuerdo.

Dios escucha a los suyos y los libra de su angustia.

Dios siempre está cerca para salvar a los que no tienen ni ánimo ni esperanza.

Los que son de Dios podrán tener muchos problemas, pero él los ayuda a vencerlos.
Dios cuida de ellos y no sufrirán daño alguno.

Los malvados tendrán que sufrir las consecuencias de su maldad, pues Dios habrá de castigar a los que odian a su pueblo.
Dios siempre salva a los suyos; los que confían en él no sufrirán ningún castigo.

Salmo 34 TLA

viernes, 11 de noviembre de 2011

¡Dios mío, yo te amo porque tú me das fuerzas! 
Tú eres para mí la roca que me da refugio; ¡tú me cuidas y me libras! Me proteges como un escudo, y me salvas con tu poder. ¡Tú eres mi más alto escondite! 
Tú mereces que te alabe porque, cuando te llamo, me libras de mis enemigos. 
Hubo una vez en que la muerte quiso atraparme entre sus lazos, fui arrastrado por una corriente que todo lo destruía. 
Me vi atrapado por la muerte, me vi al borde de la tumba. 
Lleno de angustia llamé a mi Dios, y él me escuchó desde su templo, ¡mi oración llegó hasta sus oídos! 
Hubo un temblor de tierra, y la tierra se estremeció. También los cerros temblaron desde sus cimientos; ¡temblaron por el enojo de Dios! 
Echaba humo por la nariz, arrojaba fuego por la boca, y lanzaba carbones encendidos. 
Dios partió el cielo en dos y bajó sobre una espesa nube. 
Cruzó los cielos sobre un querubín; se fue volando sobre las alas del viento. 
Se escondió en la oscuridad, entre las nubes cargadas de agua que lo cubrían por completo. 
¡De su grandioso trono salían nubes, granizos y carbones encendidos! 
De pronto, en el cielo se oyó una voz de trueno: ¡era la voz del Dios altísimo que se dejó escuchar entre granizos y carbones encendidos! 
Arrojó sus relámpagos como si disparara flechas; ¡dispersó a sus enemigos, y los hizo salir corriendo! 
Dios mío, tú reprendiste al mar, y por causa de tu enojo el fondo del mar quedó a la vista. En tu enojo resoplaste, y los cimientos de la tierra quedaron al descubierto. 
Desde los altos cielos me tendiste la mano y me sacaste del mar profundo. 
Mis enemigos me odiaban; eran más fuertes y poderosos que yo, ¡pero tú me libraste de ellos! 
Se enfrentaron a mí en el peor momento, pero tú me apoyaste. 
Me diste libertad, ¡me libraste porque me amas! 
Me diste mi recompensa porque hago lo que quieres. Me trataste con bondad porque hago lo que es justo. 
Yo obedezco tus enseñanzas y no me aparto de ti. 
Cumplo todas tus leyes, y jamás me aparto de ellas. 
He sido honesto contigo y no he hecho nada malo. 
Me diste mi recompensa porque hago lo que quieres, porque tú sabes que yo hago lo que es justo. 
Tú eres fiel con los que te son fieles, y tratas bien a quienes bien se comportan. 
Eres sincero con los que son sinceros, pero con los tramposos demuestras ser más astuto. 
A la gente humilde le concedes la victoria, pero a los orgullosos los haces salir derrotados. 
Dios mío, tú alumbras mi vida, tú iluminas mi oscuridad. Con tu ayuda venceré al enemigo y podré conquistar sus ciudades. Tus enseñanzas son perfectas, tu palabra no tiene defectos. Tú proteges como un escudo a los que buscan refugio en ti. 
Dios de Israel, sólo tú eres Dios, ¡sólo tú puedes protegernos! 
¡Sólo tú me llenas de valor y me guías por el buen camino! 
¡Tú me das fuerzas para correr con la velocidad de un venado! Cuando ando por las altas montañas, tú no me dejas caer. 
Tú me enseñas a enfrentarme a mis enemigos; tú me das valor para vencerlos. 
Tú me das tu protección; me salvas con tu gran poder y me concedes la victoria. 
Me despejas el camino para que no tenga yo tropiezos. 
Perseguí a mis enemigos y los alcancé, y no volví hasta haberlos destruido. 
Los derroté por completo; ¡los aplasté bajo mis pies, y no volvieron a levantarse! 
Tu me llenaste de valor para entrar en combate; tú hiciste que los rebeldes cayeran derrotados a mis pies. 
Me hiciste vencer a mis enemigos, y acabé con los que me odiaban. 
A gritos pedían ayuda, pero nadie fue a salvarlos. Hasta de ti pedían ayuda, pero tampoco tú los salvaste. 
Los deshice por completo: ¡quedaron como el polvo que se lleva el viento! ¡Me di gusto aplastándolos como al lodo de la calle! 
Dios mío, tú me libras de la gente que anda buscando pelea; me hiciste jefe de naciones, y gente extraña que yo no conocía ahora está dispuesta a servirme. Tan pronto esos extranjeros me oyen, se desaniman por completo y temblando salen de sus escondites dispuestos a obedecerme. 
¡Bendito seas, mi Dios, tú que vives y me proteges! ¡Alabado seas, mi Dios y Salvador! 
¡Tú me permitiste vengarme de mis enemigos! ¡tú pusiste a los pueblos bajo mi dominio! 
Tú me pusiste a salvo de la furia de mis enemigos. Me pusiste por encima de mis adversarios, y me libraste de gente violenta. 
Por eso, Dios mío, yo te alabo y te canto himnos en medio de las naciones. 
Tú siempre le das la victoria al rey que pusiste sobre Israel. Tú siempre les muestras tu amor a David y a sus herederos.  

Salmo 18

viernes, 23 de septiembre de 2011

EXCELENCIAS DE LA SABIDURÍA

Querido jovencito, acepta mis enseñanzas; valora mis mandamientos. Trata de ser sabio y actúa con inteligencia. Pide entendimiento y busca la sabiduría como si buscaras plata o un tesoro escondido. Así llegarás a entender lo que es obedecer a Dios y conocerlo de verdad. Sólo Dios puede hacerte sabio; sólo Dios puede darte conocimiento.

Dios ayuda y protege a quienes son honrados y siempre hacen lo bueno. Dios cuida y protege a quienes siempre lo obedecen y se preocupan por el débil. Sólo él te hará entender lo que es bueno y justo, y lo que es siempre tratar a todos por igual.
La sabiduría y el conocimiento llenarán tu vida de alegría. Piensa bien antes de actuar, y estarás bien protegido; el mal no te alcanzará ni los malvados podrán contigo.

Esa gente deja de hacer el bien para sólo hacer el mal; son felices haciendo lo malo y festejando sus malas acciones. ¡Todo lo que hacen es para destruir a los demás!
La sabiduría te librará de la mujer que engaña a su esposo, y también te engaña a ti con sus dulces mentiras; de esa mujer que se olvida de su promesa ante Dios. El que se mete con ella puede darse por muerto. ¡El que se mete con ella ya no vuelve a la vida!

Querido jovencito, tú sigue por el buen camino y haz siempre lo correcto, porque sólo habitarán la tierra y permanecerán en ella los que siempre hagan lo bueno. En cambio, esos malvados, en los que no se puede confiar, serán destruidos por completo.

Proverbios 2 TLA

miércoles, 24 de agosto de 2011

LA CONFIANZA QUE NOS DA FUERZAS


"Confío en ti, mi Dios, y te alabo por tus promesas. Confío en ti, Señor, y te alabo por tus promesas. 
Confío en ti, mi Dios, y ya no siento miedo. ¡Nadie podrá hacerme daño jamás! 
Yo te prometo, Dios mío, que te cumpliré mis promesas, y delante de tu altar te daré las gracias. 
Tú, mi Dios, me libraste de caer, me libraste de morir, para que nunca deje yo de andar en tu presencia que es la luz de la vida". Sal 56:10-13

PROMESA DE VIVIR RECTAMENTE

Salmo de David. La misericordia y la justicia cantaré; a ti, oh SEÑOR, cantaré alabanzas.
Prestaré atención al camino de integridad. ¿Cuándo vendrás, Señor, a mí? En la integridad de mi corazón andaré dentro de mi casa.
No pondré cosa indigna delante de mis ojos; aborrezco la obra de los que se desvían; no se aferrará a mí.
El corazón perverso se alejará de mí; no conoceré maldad.
Destruiré al que en secreto calumnia a su prójimo; no toleraré al de ojos altaneros y de corazón arrogante.
Mis ojos estarán sobre los fieles de la tierra, para que moren conmigo; el que anda en camino de integridad me servirá.
El que practica el engaño no morará en mi casa; el que habla mentiras no permanecerá en mi presencia.
Cada mañana destruiré a todos los impíos de la tierra, para extirpar de la ciudad del SEÑOR a todos los que hacen iniquidad. Salmo 101

viernes, 5 de agosto de 2011

SIEMPRE FIRMES

"Así que pongan sus preocupaciones en las manos de Dios, pues él tiene cuidado de ustedes. Estén siempre atentos y listos para lo que venga, pues su enemigo, el diablo, anda buscando a quien destruir. ¡Hasta parece un león hambriento!
Resistan los ataques del diablo; confíen siempre en Dios y nunca duden de él. Ya saben que en todo el mundo otros seguidores de Cristo están sufriendo como ustedes. Pero después de que ustedes hayan sufrido por un poco de tiempo, Dios hará que todo vuelva a estar bien y que ustedes nunca dejen de confiar en él; les dará fuerzas para que no se desanimen, y hará que siempre estén seguros de lo que creen. Recuerden que Dios nos ha elegido por medio de Jesucristo, para que formemos parte de su maravilloso reino". 1Pe 5:7-10